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Ejercicio Físico y Diabetes Mellitus – Parte 3

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A lo largo de las partes 1 y 2 de la saga de blogs sobre ejercicio físico y diabetes, hemos explorado el impacto positivo que la actividad física puede tener en el manejo de la enfermedad.

En la parte 1, comenzamos a sumergirnos en este tema fundamental, destacando cómo el ejercicio puede ser una pieza clave en el cuidado de la diabetes mellitus.

Continuamos en la parte 2 profundizando en la relación esencial entre la diabetes y la actividad física, subrayando el papel crucial que el ejercicio desempeña en el tratamiento de esta afección médica.

En esta última entrada, la parte 3, daremos un paso más al frente al abordar la Planificación del Entrenamiento para pacientes con diabetes. 

Exploraremos las etapas y consideraciones clave en el diseño de programas de ejercicio para aquellos que viven con esta condición. A la vez, ofrecemos pautas específicas y estrategias para optimizar el manejo de la diabetes a través del entrenamiento físico. 

Además, nos centraremos en las consideraciones generales y especiales, incluyendo también aquellos pacientes con sobrepeso. Proporcionaremos un enfoque completo y holístico en el cuidado de la salud en esta población.

Planificación Del Entrenamiento Del Sujeto Con Diabetes

Los pasos a considerar al diseñar un programa de entrenamiento para personas con diabetes no difieren significativamente de aquellos destinados a individuos sedentarios con otras afecciones metabólicas.

Los programas para la gestión del sobrepeso u obesidad, aunque no sean específicamente diseñados para reducir el peso de manera considerable, tienen similitudes con los diseñados para aquellos con DMT2. 

En esencia, la planificación se divide en seis etapas, que se detallan a continuación.

Etapas a Considerar en la Planificación de un Plan de Entrenamiento en Sujetos con DMT2

  • Etapa 1- Estudio de la capacidad funcional con análisis de la aptitud física y metabólica.
  • Etapa 2- Determinación de los objetivos mediatos e inmediatos.
  • Etapa 3- Fortalecimiento de los grupos musculares esenciales por separado.
  • Etapa 4- Transferencia de las capacidades adquiridas a los hábitos de vida.
  • Etapa 5- Desarrollo de la capacidad aeróbica submáxima.
  • Etapa 6- Evaluación de las variables fisiológicas obtenidas y readecuación de las cargas de trabajo.

Etapas Propuestas para Sujetos con DMT2

Los planes de entrenamiento físico para individuos con DMT2 que no presenten complicaciones significativas deben:

  • Incluir el fortalecimiento de los principales grupos musculares,
  • Mejorar la resistencia aeróbica y
  • Manejar la composición corporal.

Todas las metodologías dosificadas adecuadamente contribuyen directa e indirectamente a la estimulación de mecanismos de regulación neuroendocrina y a la utilización de substratos por parte del tejido muscular.

Dichos mecanismos implican: 

  • Cambios a nivel periférico en la sensibilidad de los receptores hormonales, incluidos los de insulina, 
  • Cambios a nivel intracelular que favorecen el transporte y metabolización de los substratos energéticos, ya sea por vía aeróbica o anaeróbica,
  • Cambios centrales referidos al sistema cardiorrespiratorio.

Etapa 1

Una vez que el médico ha derivado al paciente a un programa de ejercicios es importante analizar parámetros metabólicos. Por ejemplo, nivel de glucemia, de colesterol, de presión arterial, de insulina y triglicéridos.

Estos deben relacionarse con los niveles de capacidad de trabajo físico, de tolerancia al esfuerzo y de composición corporal. Este análisis permitirá avanzar a la siguiente etapa junto con el paciente.

Etapa 2

Una vez que el paciente tenga un diagnóstico claro, podrá recibir orientación del profesional sobre las variables prioritarias a corregir.

Esto implica desarrollar un plan inicial enfocado en modificar una variable de manera factible y objetiva a corto plazo, sin considerar los aspectos estéticos que generalmente son prioritarios para la mayoría.

Es una etapa de aprendizaje y comprensión que ayudará a evaluar el nivel de compromiso con el programa.

La efectividad del programa es fundamental para lograr el compromiso. Esto es debido a que los recursos financieros, los esfuerzos personales y los cambios en los hábitos deben convencer rápidamente al individuo diabético sobre los beneficios del programa.

Etapa 3

Por lo general, el individuo es adulto y muestra signos evidentes de sarcopenia morfo funcional, reflejados en la pérdida de masa muscular, fuerza y resistencia muscular.

Por lo tanto, la evaluación de la capacidad de trabajo en los principales grupos musculares brinda una medida cuantificable

Esto representa en gran medida la justificación de la disminución en la capacidad física del individuo. Esta evaluación ayuda a determinar la carga óptima para esos grupos musculares.

Además,  aumenta su capacidad funcional y tolerancia al esfuerzo sin generar cambios notables en la presión arterial o la frecuencia cardíaca.

Etapa 4

Se recomienda comenzar actividades que prioricen la resistencia aeróbica después de que la capacidad de trabajo muscular de una persona con DMT2 ha mostrado una mejora notable (más del 35%). Esta es evaluada mediante el peso de la carga utilizada y las repeticiones logradas.

Actividades comunes como subir escaleras, lavar el auto o sacar a pasear al perro son instrucciones típicas que un médico especializado brinda a un paciente que probablemente esté preparado para este tipo de tareas.

Etapa 5

El ejercicio de fuerza ha provocado adaptaciones crónicas en la estructura y funcionamiento del músculo, que incluyen:

  • Mayor capilarización,
  • Mayor actividad enzimática oxidativa y
  • Aumento en los transportadores de grasa y glucosa, entre otros aspectos.

Por este motivo, se sugiere en esta etapa iniciar un entrenamiento de resistencia aeróbica que involucre tanto factores centrales como periféricos. 

Es crucial que el desarrollo de la resistencia aeróbica submáxima represente al menos la mitad (50-80%) de la capacidad física del individuo con DMT2. Esto se hace con la finalidad de mejorar su capacidad para mantener un esfuerzo submáximo durante periodos prolongados.

Etapa 6

Las 5 etapas anteriores abarcan un periodo de tiempo de 3 a 5/6 semanas. En este tiempo, el individuo lleva a cabo entrenamientos dos veces por semana.

Esto se debe a que los procesos de microdestrucción celular, que  estimulan la síntesis de proteínas funcionales y estructurales, necesitan más de 72 horas para su recuperación.

La velocidad para detectar cambios significativos en estas variables depende del punto de partida del individuo y su nivel de capacidad para entrenar. Además, el individio está influenciado por factores genéticos que difieren notablemente entre las personas.

Durante este período, el sujeto podría aumentar las sesiones de entrenamiento a tres por semana.

Reajustar las cargas de trabajo de manera más sistemática y rigurosa en esta etapa permitirá consolidar los resultados del entrenamiento físico, evitando confusiones con los efectos inmediatos de un ejercicio aislado.

Otra área importante es proporcionar al individuo con diabetes una variedad de opciones que se adapten tanto a sus preferencias personales como a sus necesidades particulares. Esto implica realizar evaluaciones periódicas para supervisar el progreso de los cambios experimentados.

Consideraciones Generales y Especiales

El individuo con diabetes presenta ciertas particularidades que deben ser consideradas.

En primer lugar, no se recomienda el uso de la frecuencia cardíaca como indicador de control.

Esto es, especialmente, en pacientes que están bajo tratamiento con medicamentos hipoglucemiantes o bloqueadores, y menos aún si experimentan neuropatías autonómicas que afectan la frecuencia cardíaca en reposo y durante el ejercicio.

Es crucial tener en cuenta la percepción del esfuerzo o la fatiga del paciente (usando la Escala de Borg).

Para mantener niveles de intensidad considerable, las cargas de trabajo pueden ser aplicadas de forma continua o intermitente, alternando períodos de actividad y descanso. Ambos enfoques cumplen de manera similar los objetivos de corregir tanto las alteraciones directas como indirectas de la DMT2.

A pesar de que la recomendación común es caminar, en el caso de pacientes con sobrepeso y esta condición médica, lograr cambios metabólicos notables y un gasto calórico importante no es fácil.

Además, las neuropatías periféricas o la artritis degenerativa que pueden estar presentes en estos pacientes aumentan el riesgo de lesiones, lo que se vuelve significativamente complicado en este grupo específico.

Se deben considerar otros elementos importantes relacionados con las complicaciones que afectan la retina y el sistema cardiovascular. Esto significa que los ejercicios que podrían aumentar la presión arterial o causar fatiga significativa deben ser supervisados con precaución.

Por tanto, tanto el entrenamiento de fuerza como el ejercicio aeróbico deben ajustarse a niveles de intensidad moderados.

Por último, resulta beneficioso aconsejar a las personas con diabetes que siguen un programa de ejercicio físico que, siempre y cuando el ejercicio se realice de manera controlada y no exceda los 60 minutos en total, no necesitan tomar precauciones especiales en cuanto a la ingesta de carbohidratos y líquidos glucosados.

En lo referente a estos aspectos, las recomendaciones para este grupo de pacientes no difieren de las de una persona sin diabetes.

La existencia de lesiones tanto macrovasculares como microvasculares no indica una prohibición absoluta del ejercicio físico, ya que esto dependerá del tipo de actividad física practicada.

Además, las alteraciones autonómicas en los pacientes no suponen un riesgo si se lleva a cabo un electrocardiograma de esfuerzo con un monitoreo constante de la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

Este procedimiento permite establecer límites precisos para el esfuerzo o la estimulación durante el ejercicio de resistencia aeróbica.

Conclusión

La planificación del entrenamiento para personas con diabetes refleja similitudes con la diseñada para aquellos sedentarios con otras afecciones metabólicas. 

Estos programas, aunque no se enfoquen específicamente en la pérdida de peso, se dividen en seis etapas, desde la evaluación inicial de la capacidad funcional hasta el desarrollo progresivo de la resistencia aeróbica submáxima. 

Estos programas bien dosificados estimulan mecanismos neuroendocrinos y optimizan el uso de sustratos por parte del tejido muscular, mejorando el sistema cardiorrespiratorio y realizando cambios a nivel periférico e intracelular. 

La atención personalizada a las necesidades individuales es crucial, especialmente al considerar la monitorización de la fatiga y el esfuerzo percibido en lugar de la frecuencia cardíaca. 

Además, se debe tener precaución en pacientes con sobrepeso y complicaciones como neuropatías periféricas y artritis, supervisando las complicaciones relacionadas con la retina y el sistema cardiovascular y ajustando la intensidad del ejercicio.

A pesar de que no se recomienda restringir la ingesta de carbohidratos y líquidos glucosados durante el ejercicio, es esencial la monitorización continua. Por lo tanto, la presencia de complicaciones no descarta por completo el ejercicio, sino que demanda una adaptación cuidadosa y una supervisión adecuada para asegurar su efectividad y seguridad.

MSc. Mauricio Moyano

Prof. Lic. Marcos Abrutsky


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