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Ejercicio Físico y Diabetes Mellitus – Parte 1

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Descubrir cómo el ejercicio físico puede ser una herramienta poderosa en la gestión de la diabetes Mellitus es fundamental en la búsqueda de un estilo de vida más saludable y activo. 

A continuación, explicaremos la conexión crucial entre la diabetes y la actividad física. Destacaremos cómo el ejercicio puede jugar un papel clave en el control de esta afección.

Veremos cómo un programa de ejercicio bien estructurado puede marcar una diferencia significativa en la vida de aquellos que viven con diabetes. 

¿Qué es la Diabetes Mellitus?

La diabetes (diabetes mellitus) es una enfermedad metabólica crónica. Esta se produce cuando el páncreas no produce suficiente insulina, o cuando el cuerpo no puede utilizar la insulina que produce de forma eficaz.

La insulina es una hormona que ayuda a que la glucosa (azúcar) que proviene de los alimentos que comemos pase a las células, donde se utiliza como fuente de energía. 

La enfermedad  se caracteriza por un aumento en el nivel de glucosa en sangre resultado de la deficiencia relativa de insulina o de resistencia a la insulina (o de ambos). Si la insulina no funciona bien, la glucosa se acumula en la sangre. Esto puede causar problemas de salud graves, como daños en los nervios, los riñones, los ojos, el corazón y los vasos sanguíneos.

Como resultado, puede producir glicosilación en los tejidos, produciendo desequilibrios metabólicos agudos, y finaliza con daño en los órganos y serias complicaciones para la salud.

Durante los últimos 100 años, el ejercicio físico ha sido considerado como uno de los pilares fundamentales en el tratamiento de la diabetes, junto con la nutrición y la medicación

A través de varios estudios, se ha visto que la cantidad de personas con diabetes está creciendo significativamente en todo el mundo. 

Según las estimaciones, para el año 2025, alrededor del 5,4% de la población podría tener esta enfermedad, comparado con el 4% reportado en 1995. Por eso, es crucial un tratamiento adecuado para controlar la diabetes y sus problemas asociados.

Clasificación de Diabetes Mellitus

En la actualidad, la diabetes se divide en cuatro grandes categorías:

  • La diabetes mellitus tipo 1 (DMT1): caracterizada por la destrucción de las células beta del páncreas mediante un proceso autoinmune que deriva en una insulina insuficiente.
  • La diabetes mellitus tipo 2 (DMT2): caracterizada por diversos tipos o grados de resistencia a la insulina y una deficiencia insulínica relativa.
  • La diabetes gestacional, cada vez más común y que se manifiesta durante los periodos de embarazo, caracterizada por cierto grado de intolerancia a la glucosa.
  • La diabetes que obedece a defectos genéticos específicos, medicamentos u otras enfermedades. 

Las dos categorías principales son: 

  • Diabetes Tipo 1 (DMT1) – dependiente de insulina,  
  • Diabetes  Tipo 2 (DMT2) – no dependiente de insulina.

La diabetes tipo 2 (DMT2) es más frecuente que la diabetes tipo 1 (DMT1). En realidad, el 95% de las personas con diabetes tienen la tipo 2, mientras que solo el 5% tiene la tipo 1.

Con respecto al manejo de la DMT2, las investigaciones han resaltado el uso de medicinas modernas, medicina alternativa o medicinas herbales y terapia de manejo mediante ejercicios.

El régimen de manejo completo ha demostrado tener un impacto positivo en la enfermedad. No obstante, los efectos adversos de las medicinas también son un desafío y no pueden ser ignorados. 

Por consiguiente, la actividad física o el ejercicio se consideran como un régimen de tratamiento beneficioso para el tratamiento de DMT2. En la actualidad, hay muchos informes sobre el rol del ejercicio físico en el manejo de DMT2. 

Beneficios de la Actividad Física en Diabetes Mellitus

Efectos Agudos del Ejercicio

La mayoría de los pacientes diabéticos presentan una disminución de la glucemia cuando realizan un ejercicio de leve a moderada intensidad. Este efecto se mantiene de 2 a 48 horas después de finalizado el mismo.

En las células musculares existen al menos 2 mecanismos para aumentar la captación de glucosa y la síntesis de glucógeno durante y después de una sesión de ejercicio.

Mecanismos: 

  • La captación de glucosa dependiente de insulina que predomina durante el reposo
  • La captación de glucosa durante el ejercicio, que depende de la contracción muscular y es independiente de los defectos en la acción de la insulina. 

Una sesión de ejercicio incrementa la captación muscular de glucosa por este último mecanismo, sin importar el defecto en la acción de la insulina presente en la DMT2.

Es decir, después de una sesión de ejercicio, la disminución de la reserva de glucógeno muscular estimula la captación de la glucosa durante las horas siguientes a una sesión aguda. En este periodo el requerimiento de insulina es mínimo. 

La magnitud de este cambio estará estrechamente relacionada con la duración y la intensidad del ejercicio, así como a los niveles de azúcar encontrados antes de comenzar la actividad física.

Esta disminución se debe, en parte, a una reducción en la producción de glucosa por el hígado. Al mismo tiempo, el músculo tiende a utilizar más azúcar durante el ejercicio.

Los efectos de una sesión de ejercicio pueden durar desde 1 hora en ejercicio breve y suave, hasta 1 o 2 días en ejercicios intensos y prolongados. Estos efectos se revierten en 2 a 3 días. Por tanto, es conveniente aconsejar al sujeto diabético que realice una sesión de ejercicio al menos cada 48 horas para mantener incrementada la acción de la insulina.

Este fenómeno, es decir, la disminución de glucosa sanguínea con ejercicio físico moderado se comporta de manera diferente en pacientes diabéticos delgados en comparación con los obesos.

Esto, naturalmente, no se debe a que la intensidad para el ejercicio sea diferente en uno con respecto a otro sujeto diabético, ya que la intensidad está graduada a un mismo porcentaje de la máxima capacidad de trabajo. Este fenómeno puede ser atribuido a una diferencia en el control en los mecanismos de control regulatorio de glucosa, pero independiente del páncreas. Por lo que la respuesta al ejercicio físico será siempre de manera individual.

El otro fenómeno asociado en este tipo de sujetos es la insulino-resistencia. Esta resistencia disminuye post esfuerzo en los diabéticos, pero esta disminución es solo el 30 o 40% de lo que ocurre en sujetos normales.

Esto ocurre principalmente en el músculo esquelético. La magnitud de este cambio se correlaciona directamente con la cantidad de masa muscular involucrada e indirectamente con la masa grasa del sujeto en cuestión. Esto es muy importante para la selección de ejercicios y el tipo de estímulo físico a llevar a cabo. Este incremento de la sensibilidad permanece entre 12 a 14 horas post esfuerzo. 

Existen algunos trabajos que indican que este aumento de sensibilidad a la insulina se correlaciona muy bien con la intensidad del ejercicio efectuado. Aunque, existe al día de hoy cierta controversia en que este efecto se de en todos o la mayoría de pacientes diabéticos. Sin embargo, existe consenso en que el ejercicio moderado es efectivo en el descenso de los niveles de resistencia a la insulina en la mayoría de personas con esta patología.

Efectos Crónicos del Ejercicio

Se ha demostrado que el paciente diabético con el entrenamiento físico (ejercicio sistemático, regular y planificado en el tiempo) experimenta ciertos mecanismos de adaptación crónicos descritos como preventivos del riesgo cardiovascular, similares a los sujetos normales.

Alguno de estos mecanismos: 

  • disminución de la frecuencia cardíaca en reposo y en ejercicio submáximo (moderado), 
  • aumento del gasto cardíaco, 
  • aumento en la diferencia arteriovenosa de oxígeno, 
  • disminución de los niveles de presión arterial, tanto en reposo como en ejercicio submáximo (moderado).

También, se ha reportado que el ejercicio crónico (regular, sistemático y progresivo) puede aumentar tanto la captación basal de glucosa como la respuesta del músculo esquelético a la insulina. Esto contribuye a disminuir tanto la glucemia en ayunas, como la post-prandial. 

En este sentido, se encontró que el ejercicio crónico también produjo un aumento de la capacidad oxidativa de grasa en el músculo. También, en otro trabajo con ejercicio físico aeróbico (resistencia) durante al menos 8 semanas, mostró reducir en 0,66% la hemoglobina glucosilada (A1c) en pacientes con diabetes mellitus tipo 2, aún sin cambios significativos en el índice de masa corporal. 

Siguiendo con lo investigado en ejercicio físico, en hombres jóvenes, realizar 6 semanas de ejercicio aeróbico moderado, durante 1 hora en bicicleta, 5 veces/semana, aumentó la sensibilidad a la insulina y la capacidad de captación de glucosa durante al menos 1 semana después del entrenamiento.

Incluso, un entrenamiento aeróbico a corto plazo (7 días) puede aumentar la sensibilidad a la insulina en sujetos con DMT2. Esto demuestra que el entrenamiento físico regular incrementa la sensibilidad periférica (muscular) a la insulina, aunque no ocurra pérdida de peso ni adaptaciones del músculo al entrenamiento.

La evidencia sugiere que el ejercicio físico regular, tanto aeróbico (ejercicio de resistencia), como anaeróbico (ejercicio de fuerza de moderada a alta intensidad) puede prevenir no solo la DM, si no las complicaciones (micro y macro vasculares). Esto atenúa el estado de inflamación crónica subclínica asociado a la resistencia a la insulina y a la hiperglucemia crónica. 

Del mismo modo, el entrenamiento con ejercicio aeróbico también puede:

  • Disminuir la progresión o evitar la aparición de neuropatía periférica,
  • Mejorar la función endotelial y
  • Aumentar la producción de insulina, de acuerdo a la cantidad de células beta funcionantes remanentes en el páncreas.

Finalmente, se ha encontrado una relación inversa muy significativa entre condición física y mortalidad. Hay cambios significativos o disminución del índice de morbimortalidad. Se encuentran leves cambios en el aumento de la capacidad de consumo de oxígeno (VO2). Esto se relaciona a su vez con la mejora en la resistencia aeróbica.

Los investigadores encontraron “una relación inversa entre condición física y mortalidad considerando los niveles de glucemia”. Es decir, a mayores niveles de glucemia mayor mortalidad. Pero, también, hay por parte del entrenamiento, un impacto adverso de hiperglucemia sobre mortalidad cuando la condición física se incrementa.

Además, se ha demostrado que, después de un periodo de entrenamiento, en pacientes diabéticos no insulino-dependientes hay una mejora de la sensibilidad a la insulina. Esto pasa tanto en tejido muscular como en el adiposo, incluso sin haber experimentado ningún cambio en la composición corporal.

Peso Corporal: Disminución, Mantenimiento y Condición Física

Gran parte de las recomendaciones en el tratamiento y prevención de la diabetes pone énfasis en la dieta y en la disminución del peso, restando importancia al ejercicio y a la condición física.

Existen evidencias de que muchos de los beneficios orientados a la prevención de alteraciones metabólicas, como diabetes, y de alteraciones cardiovasculares pueden ser evidentes y logrados sin un control estricto de la dieta y también, por consiguiente, sin una baja de peso.

Con el solo hecho de aumentar la condición física o la capacidad de consumo de oxígeno (VO2), es posible tratar, corregir y prevenir una gran cantidad de variables fisiológicas que guardan relación con dichas patologías. 

Estos cambios también, sin duda, se evidencian cuando el sujeto disminuye de peso, pero no siempre cuando esta baja es solo a costa de dietas rigurosas o a costa de fármacos. La solución, en definitiva, ante estas evidencias, es que el efecto combinado entre dieta y ejercicio puede potenciar el efecto sobre el control metabólico.

El ejercicio es un movilizador de grasa abdominal y de la depositada en la parte superior del tronco, la cual se asocia al grado de sensibilidad a la insulina. Recientemente, investigadores también han asociado la insulino resistencia con el nivel de triglicéridos intramusculares.

El exceso de grasa abdominal es un excelente recurso para el metabolismo de las grasas. Esto impide, en cierta forma, la metabolización de glucosa, pudiendo derivarse en hiperglucemias. Por lo tanto, la pérdida de grasa abdominal favorece, a la larga, el consumo de glucosa por parte del metabolismo energético.

Los pacientes diabéticos, caracterizados por una capacidad física inferior a sus pares no diabéticos, están en cierta medida impedidos para efectuar programas de ejercicios que provoquen pérdidas de peso significativas, en tiempos relativamente cortos, por la exigencia de dichos programas.

Para que estos fenómenos (disminución de peso y modificaciones de la composición corporal) ocurran, se requieren de sesiones diarias de una cierta duración e intensidad, adaptadas a las condiciones de las personas con diabetes mellitus. Por ejemplo, duraciones cercanas a los 60 minutos a un nivel de intensidad del 50% de la capacidad aeróbica máxima o VO2máx.

Recomendaciones

Las recomendaciones de organismos internacionales como el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ASCM) o la Asociación Americana de Diabetes (ADA), sugieren en pacientes diabéticos la realización de ejercicio físico de manera sistematizada, adaptada a las características individuales y sobre todo de manera progresiva.

Esto último, hace referencia a comenzar con una frecuencia de 3 estímulos o sesiones de entrenamiento por semana de 30 minutos (o menos). Luego, progresar en el tiempo (semanas y meses) a una frecuencia de 5 a 7 estímulos semanales, con duraciones de 30 a 60 minutos.

Los pacientes diabéticos que se adhieren a un programa de ejercicio, suelen adherirse a mejores hábitos de alimentación, estimulados por una mejoría en la autoestima.

MSc. Mauricio Moyano

Prof. Lic. Marcos Abrutsky


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